HERMANO PEDRO FIGARI y la Educación

El 23 de setiembre de 2007 se cumplieron los 100 años de la Ley que dispuso la abolición de la pena de muerte en el Uruguay. En tal sentido, debemos recordar que con fecha 23 de setiembre de 1907, fue promulgada por el Poder Ejecutivo, con la firma del Presidente de la República Dr. Claudio Williman, la Ley Nº 3.238, por la que se dispuso la abolición de la pena de muerte en nuestro país. Con la sanción de esta Ley de 1907, se puso fin a la aplicación de una de las penas más crueles, inhumanas e injustas que se pueda concebir sobre la faz de la tierra, habiendo sido de fundamental importancia la prédica abolicionista que llevaron adelante, entre otros, el señor José Batlle y Ordónez, quien como Presidente de la República formuló la correspondiente iniciativa legislativa, y el Dr. Pedro Figari, destacado jurista, legislador, educador, pintor y masón, que llevó a cabo una intensa polémica a favor de la derogación de la pena de muerte.

Cabe recordar que con anterioridad, el Senador Presbítero Dámaso Antonio Larrañaga, presentó en 1831 en la Cámara de Senadores un proyecto de ley aboliendo la pena de muerte, habiendo pronunciado un elocuente discurso en defensa de su tesis.

En el año 1903, el Dr. Pedro Figari, quien fue un brillante jurista, en su calidad de Representante Nacional y de Presidente del Ateneo, promovió un intenso debate sobre la abolición de la pena de muerte. En una conferencia que pronunció Figari en el Ateneo el 4 de diciembre de 1903, expresó: “los días que preceden a una ejecución son de malestar social; el día en que se verifica el fusilamiento es de aflicción y no desaparecen tan pronto las molestias, las desazones que promueve ese innoble espectáculo.”

Agrega estos conceptos que me parecen importantes: “Creo firmemente que el rigor penal extremado pierde su eficacia, y a poco andar resulta contraproducente. Los hechos demuestran que en todo el mundo, la pena de muerte no intimida, por el contrario dice Figari “la mayoría de los grandes criminales van al cadalso adoptando una actitud girondina.”

Una vez terminada la guerra civil de 1904, el Hermano Figari se enfrenta en una dura polémica con el destacado penalista Dr. José Irureta Goyena y con el civilista e historiador Dr. José Salgado. En apoyo de su tesis abolicionista, el Dr. Figari cita los testimonios de los capellanes de habían asistido a los condenados a muerte, que demuestran “a las claras que no tiene efecto saludable alguno el patíbulo sobre las almas toscas, predispuestas al crimen, y que, por el contrario, tal vez les sea estimulante ese espectáculo de sangre y violencia.”


El 27 de junio de 1905, el Presidente de la República José Batlle y Ordóñez, con la firma del Ministro Williman, remitió a la Asamblea General el mensaje y proyecto de ley aboliendo la pena capital, tanto para civiles como para militares. La iniciativa fue votada afirmativamente en la Cámara de Representantes el 6 de noviembre de 1905, por una mayoría muy estrecha, 20 votos por la afirmativa y 19 votos por la negativa. En 1906, el proyecto fue considerado por el Senado, con un informe del Dr. José Espalter, que lo aprueba pero con modificaciones, por lo que vuelve a la Cámara de Representantes. Toma a su cargo el proyecto el Representante Nacional Dr. José Pedro Massera, quien era Presidente de la Comisión de Constitución y Legislación, el que redacta el informe haciendo expresa referencia a la campaña realizada por el Dr. Pedro Figari. Luego de haber sido considerado por la Cámara en el plenario, volvió a la Comisión porque se presentaron algunas observaciones en Sala, y con un magnífico informe del Dr. Domingo Arena, la Cámara sancionó definitivamente el proyecto de ley el 21 de setiembre de 1907. Como se sabe, el Poder Ejecutivo promulgó de inmediato la ley de abolición de la pena de muerte el día 23 de setiembre de 1907, cuyo artículo 1º prescribe:

“Queda abolida la pena de muerte que establece el Código Penal.”

Pero nos tenemos que preguntar ¿quién era el Dr. Figari?, ¿qué importancia tuvo su pensamiento y su obra en la vida nacional?, ¿cuál es la razón de su lucha por la abolición de la pena de muerte?, ¿qué ideas filosóficas tenía el Dr. Pedro Figari?, ¿cuál fue su influencia en la educación?

El Dr. Pedro Figari nació en la ciudad de Montevideo el 29 de junio de 1861, siendo sus padres don Juan Figari de Lázaro y doña Paula Solari, naturales de Santa Margherita Ligure, quienes vivían en la calle Convención Nº 178 casi 18 de Julio. Pedro Figari fue el quinto hijo de un total de nueve hermanos. Estudió Abogacía en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, en la que obtiene su título de Doctor en Derecho en 1886. El año anterior se había casado con María de Castro Caravia, hija de don Carlos de Castro, en la señorial casa ubicada en la esquina de Bartolomé Mitre y Buenos Aires, donde hoy tiene su sede el Consejo de Educación Primaria. Luego de un viaje a Europa, Pedro Figari se instala con su esposa en la calle Reconquista, entre Treinta y Tres y Misiones.

Pedro Figari fue adjunto de la Fiscalía de Hacienda entre 1883 y 1886. A partir de 1889, ya recibido de Abogado, ocupó el cargo de Defensor de Pobres. Fue allí que Figari profundizó sus estudios como penalista, habiendo ejercido en forma brillante su profesión de Abogado.

El Dr. Pedro Figari fue iniciado tempranamente como Aprendiz Masón en la Logia “Caridad”, lo que no es de extrañar, por cuanto la familia de su esposa, los de Castro, estaban estrechamente vinculados a la Gran Logia de la Masonería del Uruguay. Agustín de Castro fue Venerable Maestro fundador de la Logia “Caridad” y fue Soberano Gran Comendador entre 1870 y 1874. Carlos de Castro, el suegro de Figari, fue Gran Comendador durante diez años, desde 1879 hasta 1889. El Hermano Pedro Figari fue exaltado al Grado 33 en 1887, habiendo sido incorporado como miembro activo del Supremo Consejo del Grado 33 el 25 de marzo de 1903.

En el campo de la educación, Figari fue un pensador y fue un hacedor, habiendo dejado un pensamiento en materia de educación y una formidable obra en materia educativa. La doctrina en materia de educación de Figari quedó plasmada en la serie de textos, ensayos y artículos publicados entre 1900 y 1925. La obra en materia de educación de Figari, fue la memorable reforma que llevó a cabo entre 1915 y 1917.


Como afirma Arturo Ardao, en realidad el Dr. Pedro Figari es uno de nuestros grandes de la educación, así como también es el más grande filósofo uruguayo. Dice Ardao: “Pedro Figari (1861-1938), célebre en los dominios del arte, en su condición de gran figura de la pintura americana contemporánea, es asombrosamente desconocido, en su propio país, como pensador. Y sin embargo, entre los desaparecidos, nadie le iguala en significación filosófica. Carlos Reyles, por ejemplo –para citar un consagrado nombre coetáneo, con el cual tiene algunos nexos ideológicos, aunque también profundas divergencias- está lejos de representar, bajo este aspecto, lo que él. El pensamiento de Rodó es, desde luego, de mayor importancia histórico-cultural, por la identificación que tuvo con un momento de la conciencia espiritual del país y aún del continente; pero sin su estructura y su elaboración del punto de vista estricto de la filosofía. El caso de Figari, único en nuestra historia artística, lo es también en nuestra historia filosófica.”

En el año 1912, Figari publica su más fenomenal obra filosófica, cuyo título es “Arte, Estética, Ideal”, un libro de seiscientas páginas, que no tuvo repercusión en nuestro país. Traducido al francés por Charles Lasca, fue publicado en París en 1920, con prólogo de Henri Delacroix. Esta obra de Figari fue reeditada en Francia en 1926, con una extensa y entusiasta nota preliminar de Desiré Roustan sobre el arte y las doctrinas de Figari. Esta reedición lleva el título de “Essai de Philosophie Biologique”, dado que es un verdadero ensayo de filosofía general, desde un punto de vista biológico-energetista. Este libro de Figari comprende una teoría de la estética, una teoría del conocimiento, una metafísica, una filosofía de la religión, una antropología filosófica y una moral.

Para Figari, arte e industria en el terreno educacional, son dos conceptos inseparables. Cuando en el año 1900 formuló el proyecto de ley sobre la Escuela de Bellas Artes, Figari quería una enseñanza artística que fuera industrial; en cambio, en 1915 cuando Figari organiza la Escuela Industrial, quiere una enseñanza industrial que sea artística. Quiso que la enseñanza industrial fuera la base de la totalidad de la instrucción pública. Para Figari, enseñanza industrial era sinónimo de “educación integral”.

Entre julio de 1915 y abril de 1917, Figari proyectó y aplicó la reforma de la enseñanza artístico-industrial. Como consecuencia de la obra de Figari, la Escuela de Artes y Oficios, creada por el Coronel Lorenzo Latorre en 1879, se transformó en la Escuela Industrial por ley de 1916, convertida luego en Universidad del Trabajo, por Decreto-Ley de setiembre de 1942, firmado por el entonces Presidente General Alfredo Baldomir.

Enseña Figari: “Al hablar del trabajo manual, no entiendo referirme a un trabajo mecánico de las manos, sino a un trabajo guiado por el ingenio, en forma discreta y variada, constantemente variada, que pueda determinar poco a poco, un criterio productor artístico, vale decir, estético y práctico, cada vez más consciente, y, por lo propio, más hábil y más apto para evolucionar.”

En el memorándum que Figari redactó en 1915, decía que la futura Escuela Industrial “prepararía además al personal de la Instrucción Pública Primaria, para que éste, a su vez, pueda formar el carácter industrioso del alumno, al propio tiempo que lo instruye teóricamente… los maestros y maestras deben adquirir conocimientos prácticos de producción, según sus aptitudes, a fin de que, al rotar, puedan difundir en todo el país formas múltiples de producción razonada.” En 1918, Figari concluyó enfáticamente afirmando que “la enseñanza industrial debe ser la base de la instrucción pública.”


El pensamiento educativo de Figari estaba lejos de una intención meramente teórica de la enseñanza, así como se oponía al concepto rutinario del oficio manual que era la tradición de la vieja Escuela de Artes y Oficios creada por Latorre.

Sobre este tema, decía Figari en su proyecto de 1910: “Dar instrucción práctica más bien que teórica, adoptando, en cuanto fuere posible, procedimientos experimentales, de modo que el alumno consiga por sí mismo la verdad o el resultado que busca.”

En el ensayo que Figari tituló “Educación integral”, que firma junto a su hijo Juan Carlos, afirma: “Desde que un pueblo superior no sólo es instruído, sino criterioso; no sólo hábil, sino emprendedor, ejecutivo, práctico, debemos trabajar. Sólo por el trabajo severo podemos conquistar un puesto eminente en el concierto internacional. Cada vez más la vida civilizada exige un fondo pensante, sesudo y ecuánime, y un ingenio sagaz y práctico, capaz de aprovechar de las ventajas que le ofrece el ambiente. Descuidar este axioma pedagógico de proyecciones individuales, sociales, humanas, es errar el camino más firme de la cultura escolar.”

En el Uruguay tenemos tres grandes reformadores de la enseñanza: José Pedro Varela en la enseñanza primaria; Alfredo Vázquez Acevedo en la enseñanza secundaria y universitaria; y Pedro Figari en la enseñanza artístico-industrial.

Quiero señalar especialmente que el pensamiento del Hermano Pedro Figari sobre la educación, lamentablemente ha sido el gran olvidado por los uruguayos, no fue entendido en su tiempo, decidió exiliarse voluntariamente a los cincuenta y seis años de edad y dedicarse a la pintura, de la cual tanto nos enorgullecemos. Creo sinceramente que los Masones de hoy tenemos el compromiso y la obligación de rescatar y proyectar en el mundo profano estas ideas, porque a mi juicio es la única manera de comprender el atraso en que vivimos, por qué razón somos un país que no logramos desarrollarnos económicamente, por qué razón tenemos un Estado lento, pesado y burocrático, por qué nos falta iniciativa, por qué falta una mentalidad creadora y transformadora de la realidad.

Con razón ha podido decir el Prof. Luis Víctor Anastasía que: “Pedro Figari es una de las figuras más importantes de la cultura hispanoamericana. Y es también, en la misma medida, el gran desconocido. Basta pasar revista a las historias del pensamiento de lengua hispana, para advertirlo de inmediato. No existe, no se le menciona, no se le estudia.” Agrega más adelante estos conceptos medulares: “Las ideas de Figari no pudieron entonces transformarse en la filosofía de la cultura nacional. Hubieran exigido una postura muy radical en cuanto a la investigación y explotación de los recursos naturales y humanos del país, y el verdadero camino de una revolución industrial cultural autónoma.”

Figari en 1915, en el memorándum que elevara al entonces Presidente de la República, Feliciano Viera, expresó: “Es indispensable llenar la necesidad primordial de producir riqueza, que es angular en la sociedad. ¿Qué puede hacer el ‘teórico’, que no sea enrolarse en las filas de los burócratas, o en la de los ‘intermediarios’ que viven sirviendo de algún modo, es verdad, pero siempre a expensas del productor? ¿Qué puede producir el que jamás ejercitó su ingenio en el sentido de transformar y utilizar las riquezas naturales? De esta laguna deriva la empleomanía, con sus tentáculos insaciables, y las diversas formas del proletariado intelectual, el que resulta ser un elemento de desequilibrio en la economía pública, precisamente porque es un evolucionado mental, ‘subjetivo’, simplemente el que exige formas superiores de convivencia y la incorporación de refinamientos, sin aportar nada más que su aspiración.”


Finalmente, en su monumental obra “Arte, Estética, Ideal”, el Hermano Figari nos da una magnífica reflexión profundamente masónica, cuando dice: “Por fortuna, cada vez más es Sancho quien toma las riendas del gobierno humano. El reino del gran hidalgo ha terminado. Parece ya indudable que conviene a la especie humana proceder con un criterio más práctico y por medios experimentales, al ensanche paciente de sus conocimientos, de sus recursos de acción.”

El Hermano Pedro Figari pasó al Oriente Eterno el 24 de julio de 1938, en horas de la noche mientras dormía, en la casa de su hijo Pedrito, sita en Bulevar España 2731, casi Ellauri. Ese mismo día 24 de julio, falleció en Montevideo el escritor Carlos Reyles, ambos integrantes de la generación uruguaya del 900, a la que pertenecieron, entre otros, José Enrique Rodó, Delmira Agustini, Florencio Sánchez, Julio Herrera y Reissig.

El legado en materia de educación de nuestro Hermano Figari todavía espera que alguien se anime a tomar la antorcha para el engrandecimiento de nuestro país. Ese es el desafío que nos queda por delante.

Montevideo, 25 de setiembre de 2007

Autor:  R. C. F. - Logia “José de San Martín”

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