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Dr. Carlos Maggi

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EXPOSICIÓN DEL PRESIDENTE DEL JURADO DEL CERTAMEN LITERARIO 2009, DR CARLOS MAGGI
 
Se incluye a continuación la exposición de motivos por la cual fue conferido el premio 2009 del certamen literario.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO SOBRE MARTIN FIERRO POR EL DR CARLOS MAGGI, PRESIDENTE DEL CERTAMEN LITERARIO 2009.

Este es el tercer año consecutivo que la institución masónica organiza un concurso de obras de interés cultural. Importa cambiar a la gente, cuando se quiere afirmar los valores. Y ese es uno de los trabajos de los masones.

De esos tres certámenes, en dos, tuve el honor de integrar el jurado.

Se inició el ciclo con una obra sobre la vida y el pensamiento de José Garibaldi, un batallador único en su fervor republicano.

El año pasado el personaje fue Pedro Figari, un gran artista y un político. Un hacedor, perteneciente a la generación del 900, la pléyade que cambió el Uruguay llevándolo de la guerra a la paz, del desprecio al enaltecimiento de la personalidad del Hombre.

En el presente año, se convocó a los ensayistas para que escribieran sobre José Hernández y el Martín Fierro. Nada exaltó la libertad como este poema dramático.

El ensayo escrito por la Profesora Mirna Linale de Rosas que ganara el concurso, así lo destaca. Es un hermoso libro.

Hernández, vivió aquí en esta frontera durante algunos años.

Un buen libro escrito bajo el seudónimo de Un Oriental, me enseño mucho sobre la estadía de Hernández en Santana y en Rivera. Desgraciadamente el anonimato que impone un concurso nos impide conocer a ese buen historiador.

Esta frontera era, al iniciarse nuestra historia patria, el extremo de un desierto, como lo era el escenario donde se desarrolla la obra de Hernández.

Y no es banal destacar esta coincidencia.

Un protagonista apasionado por la libertad en medio de un gran lamparón deshabitado, es también José Artigas, el señor del Lejano Norte, como le llama Enrique Piqué, en su libro más reciente.

La libertad del desierto, que es donde se mueve Martin Fierro, es la libertad selvática (según descubrió Juan Pivel Devoto) la del hombre tribal al cual nadie lo manda ni nadie lo defiende. No hay Estado en el desierto ni hay policía. No hay leyes que cumplir como no sea la moral de cada uno; el sentimiento fraternal que es el modo supremo de convivir.

Pero sucede que la libertad del hombre declina en relación directa con su avance cultural.

Parece una paradoja, pero así lo demuestra la realidad cotidiana.

Mientras el siglo de las luces libera del poder monárquico absoluto y los privilegios por nacimiento, del mismo modo  la tecnología moderna sujeta a cada uno, de mil maneras. Se ganó en el plano político, pero nació una maraña de regulaciones.

El triángulo republicano marca igualdad y fraternidad y además: legalidad; la república se basa en la obediencia de las normas; y así sucede que nace un sin fin de obligaciones:

Hay que tener carné de identidad y pasaporte y visa. No se puede cruzar a mitad de cuadra, no se puede hacer ruido durante la noche, ni se puede tirar los desperdicios a la calle y mucho menos asar un costillar en la plaza, ni pisar el césped, ni escupir, ni hablar con el conductor ni toser sin levantar el codo. Día y noche un ciudadano está vigilado, obligado, constreñido y sancionado. Y el proceso aumenta su rigor día a día.

Sobre la frontera con la tierra de nadie se daba  la peripecia del gaucho y es allí donde las ansias de libertad están a alcance de la mano para los más duros y valientes; entonces por estar allí desnuda y posible, la libertad se hace fulgurante. El far west magnificó en el cine, la libertad de los vaqueros en una región casi salvaje.

Ese es el embrujo secreto de Martin Fierro, la nostalgia de un bien precioso perdido, irrecuperable. La anarquía es la fanquía de ser quien se es. Por eso la pérdida de la anarquía, sigue doliendo. Fuimos libres y dejamos de serlo. Se canta lo que se pierde.

Sin que José Hernández se lo haya propuesto, el cuento de ese gaucho solo en el mundo, perseguido, indomable, llevando la vida en el filo de su faca, se hace epopeya porque está en la frontera donde empieza la libertad total.

Sentir esa ausencia cada vez más difícil de percibir, da un gran impulso para el cuidado del cacho de libertad que ( mal que bien) nos está quedando. Esa es la grandeza que impone la lectura del poema. Una grandeza que está bien patente aquí y ahora.

En esa grandeza de fondo está el embrujo;  en de cada estrofa redonda, que cae como pega el badajo contra el pollerín de la campana.  

Sin el suntuoso vehículo de esa sonoridad magistral, tal vez la historia cruda no hubiera sido nada.

«Aquí me pongo a cantar
al compás de la vigüela,
que al hombre que lo desvela
una pena estrordinaria
como el ave solitaria
con el cantar se consuela...».

 

 

Dr. Mario Casinoni 1481 - CP:11200 Montevideo -República Oriental del Uruguay Telefono: (598-2) 4085556*