Es una alta distinción para la Gran Logia de la Masonería del Uruguay contar con vuestras presencias en esta conmemoración de tan hondo significado para nuestra Institución.

La noche que nos convoca no es un punto de llegada, ni una página que se pasa con levedad. Es, como lo ha sido desde hace 170 años,un eslabón en nuestro permanente caminar hacia el porvenir, consolidando y proyectando los universales valores masónicos que nos definen y dan sentido.

La dedicación de los masones uruguayos a través de la historia y en cada rincón de nuestro país -impulsando el avance social, cultural y ético- se ha cimentado siempre en un profundo e inquebrantable amor por él.

Las huellas de estos insignes hermanos, sumadas a las de otros miles que anónimamente integraron nuestras filas, han dejado una impronta indeleble en la historia uruguaya.

Son trazos invisibles a simple vista, pero que sostienen los cimientos de nuestra propia identidad nacional.

Una presencia silenciosa, firme y duradera.

Forjamos nuestro compromiso civil incluso antes del nacimiento de nuestro país como Estado soberano. Partícipes de una sociedad cosmopolita y naciente, los primeros masones orientales eran ciudadanos comprometidos con encontrar su destino. Unieron sus voluntades bajo los ideales de la Orden y sus vidas altruistas se
entregaron sin reservas y sin temor a la construcción de esa nación que vislumbraban en sus anhelos.

Hoy podemos afirmar, con legítimo orgullo, que la Masonería oriental ha caminado de la mano con el desarrollo civil, cultural y democrático del Uruguay.

Y así lo seguimos y seguiremnos haciendo.

Somos principios en acción. Lejos de defender dogmas, reivindicamos el librepensamiento como el motor indispensable para la evolución humana en una sociedad global y diversa.

Promovemos una ética inquebrantable que germina en el individuo para volcarse con generosidad en la sociedad.

Propiciamos la tolerancia en la diversidad, la solidaridad y el respeto por el otro, la justicia en igualdad, los inalienables derechos humanos amparados por nuestras leyes y la fraternidad en la práctica.

Defensores permanentes de los valores republicanos, de la democracia como el espacio sagrado de la convivencia y de la laicidad que garantiza la libertad de conciencia.
Enfatizando  la laicidad, por qué en ella, en su cobijo, todos, reitero todos, tenemos espacio para crecer y desarrollarnos.

Hoy, ante el avance de corrientes fundamentalistas que amenazan con restringir estos derechos a nivel global, la defensa de la libertad de pensamiento y su expresión cobra mayor relevancia.

Promover la laicidad significa proteger las libertades individuales frente a cualquier dogma, fundamentalismo o ideología que busque menoscabarlas, para asegurar así una sociedad plural y respetuosa.

Nuestra formación masónica es un compromiso firme y permanente con la defensa de las instituciones democráticas.

Ante los desafíos de un mundo hiperconectado, dinámico y a menudo desconcertante, la Masonería uruguaya se proyecta con audacia hacia el futuro.

Guiada por la ciencia, la filosofía, la espiritualidad, el humanismo y la educación, asume su vigencia plena; pues la consumación universal de nuestros principios y valores sigue siendo una tarea inconclusa y necesaria.

Estamos convencidos de que el porvenir pertenece, indefectiblemente, a las ideas libres.

Ante el cuestionamiento infundado y el prejuicio, la Masonería opone la transparencia indiscutible de su obra.

No nos escondemos: defendemos valores universales que guían, en libertad, el día a día de toda persona íntegra.

Ante una modernidad plagada de intolerancia e incertidumbre, los diagnósticos pesimistas parecen dominar el escenario. El Masón no teme; construye en la certeza de un destino mejor. Esto no se logra con retórica, sino con acciones y deber cumplido hacia la humanidad.

No es una postura emocional, sino una convicción  racional: sabemos que las fuerzas opuestas al progreso son reales, dinámicas y exigen nuestra acción constante.

Este deber es un llamado para toda la humanidad, pero el Masón lo asume como un compromiso consciente, diario y permanente.

Desde su origen, el propósito de la Masonería Universal es rotundo: unir a los seres humanos disolviendo todo obstáculo que limite su libre albedrío y potenciar su capacidad creadora en lo intelectual, espiritual y filosófico.

Por eso la Masonería Uruguaya no es una Institución que pertenece al pasado; su vigencia absoluta se renueva ante las nuevas generaciones.

En  nuestras  Logias   practicamos   este  ideal  cada  día:  personas  de diversos  orígenes, edades, profesiones y visiones compartimos
fraternalmente saberes en absoluta igualdad, libres de dogmatismos religiosos, partidarios o ideológicos.

Uruguay también posee un  protagonismo histórico ineludible en la región: fuimos la cuna donde, en 1947, se fundó la Confederación Masónica Interamericana (CMI).

El próximo año, nuestro país volverá a ser el epicentro masónico al ser el anfitrión de las celebraciones por sus 80 años de historia, regresando exactamente al punto donde todo comenzó.

La CMI, guiada por los principios morales y éticos que constituyen el cimiento filosófico y espiritual de la Masonería Universal, une hoy a través de cinco lenguas a 98 potencias masónicas, de 26 países de Latinoamérica y Europa en un lazo de colaboración fraterna.

El mensaje fundacional de la CMI se mantiene intacto: inspirar la evolución de sus Potencias Masónicas integrantes, para, desde ellas, guiar la transformación del ser humano y trabajar incansablemente en el perfeccionamiento de la sociedad.

La experiencia cohesionadora de estos vínculos internacionales nos da certeza: lo que parece un anhelo de paz, colaboración y entendimiento entre diferentes países y culturas es, hoy posible.

Aplicando esa misma certeza, es nuestra identidad como nación la que nos define, pero son las coincidencias las que deben movilizarnos.

Antes de concluir, deseo rendir un justo y fraternal homenaje a a nuestros integrantes que recientemente han sido distinguidos por cumplir 33 y 50 años de vida masónica ininterrumpida. 
Su constancia, es el testimonio vivo de una existencia dedicada a defender los valores de nuestra Orden.

Han  sido  ciento  setenta años en pro de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, forjando carácter, construyendo                                                                                    ciudadanía y colaborando en diseñar el futuro desde el orgullo de nuestra historia.

La Gran Logia de la Masonería del Uruguay mantendrá sus esfuerzos para que la luz de la razón, que encendieron sus fundadores, siga disipando con su mensaje las sombras de la intolerancia y propicie un mañana de oportunidades.

Sabiendo que ese porvenir no es un accidente: está forjado por los habitantes de nuestro país, sean o no masones, con integridad y dedicación.

La esperanza sola no construye naciones; los hechos sí.

Las acciones del presente son el único legado capaz de convertir la utopía en una realidad concreta.

He ahí nuestra tarea.

Sigamos construyendo...

Muchas gracias

                                                                            Horacio Pérez Toledo
                                                                                  Gran Maestro

 

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