Antecedentes 

Si bien puede presumirse la presencia en la Banda Oriental de masones, iniciados en Europa, durante el siglo XVIII, fue recién en 1807, durante las invasiones inglesas, que la Orden llegó a estas tierras.

Ese fue el marco de la iniciación del criollo Miguel Furriol en la Logia militar No. 192, instalada por integrantes del 1er. Batallón del Regimiento Irlandés No. 47 de Infantería, el 18 de Julio de 1807. (El H.·. Miguel Furriol fue Contador de la Aduana de Montevideo, y “Visitador Ordenador” durante la administración artiguista de la Provincia. Casado con María Magdalena González, fue padre de Diego Eugenio Furriol (nacido en Montevideo el 14 de noviembre de 1808 y muerto por la viruela el 16 de julio de 1842, pintor alumno de Juan Besnes e Irigoyen y músico, en especial guitarrista), y abuelo del Il.·. y Pod.·. H.·. Miguel Furriol, 33º, (1833-1914), Soberano Gran Comendador en 1908-1909 y 1912-1913.)

A partir de esa fecha, aparecen en distintos momentos de la historia de la Provincia Oriental, numerosos hombres con antecedentes en actividades masónicas. Son conocidas las calificaciones de varios de ellos, con grados que corroboran una formación y aceptación de los principios de la Orden, a la vez que reflejaban poderosas y fértiles vinculaciones internacionales.

Las investigaciones históricas no han revelado hasta ahora, la existencia formal de Logias masónicas dentro del territorio, pese a que se mencionan las Logias Tercera Lautaro y de los Diecinueve, formadas por porteños exiliados y oficiales portugueses respectivamente. También se mencionan las Logias de los Independentistas y la posterior de los Caballeros Orientales, formadas por ciudadanos orientales rebeldes a los gobiernos portugués y brasileño.

Asimismo, se afirma que existió la Logia de los Aristócratas integrada por masones que rodeaban y compartían con Federico Lecor, reuniones y fines políticos favorables a la autoridad luso - brasileña.

Sin embargo, y pese a que hubo actividad masónica durante la dominación luso - brasileña, no sería sino hasta 1827, con la fundación de la Logia "Les Enfants du Nouveau Monde", regularizada por el Gran Oriente de Francia en 1844 con el nombre "Les Amis de la Patrie", que surgiría una verdadera y regular logia masónica en nuestro territorio, con el respaldo formal de algún Oriente reconocido.

Posteriormente, el 21 de Enero de 1830, se funda en instancia la Logia “Asilo de la Virtud”, que solicitó su reconocimiento a la Gran Logia de Pennsylvania, y en Enero de 1831 la Logia “Constante Amistad”, que solicitó el suyo a la Gran Logia de Filadelfia, ante la inactividad del Gran Oriente de Brasil.

La fundación del Grande Oriente y Supremo Consejo del Uruguay

Con fecha 7 de octubre de 1854, el H.·. Gabriel Pérez obtuvo del Supremo Consejo y Gran Oriente de Brasil, el encargo de “...fundar, constituir y establecer el (Supremo) Consejo del mismo rito en la República Oriental del Uruguay...”, siendo reconocido al efecto como Soberano Gran Comendador.

Por la misma carta, se le facultaba para designar como Lugarteniente Gran Comendador “...a aquel Hermano que después de él fuese el más antiguo recibido en el referido grado 33º...”, nombramiento que recayó en el H.·. Salvador Tort, 33º, y el 24 de junio de 1855, junto a los HH.·. Bruno Más de Ayala, Florentino Castellanos, José Ellauri, Juan Biugglen y Francisco Lecocq, dejó instalado y constituido el Supremo Consejo del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para la República Oriental del Uruguay.

A partir de entonces, dicho Supremo Consejo encaró la ciclópea tarea de promover la unificación y regularidad de las logias y cuerpos masónicos que funcionaban en el país (como el denominado “Supremo Consejo y Gran Oriente de Montevideo”, reconocido en 1854 por el Gran Oriente Nacional Brasileño o “do Passeio”), lo que se vio coronado por el reconocimiento otorgado por parte del Gran Oriente de Brasil, al Muy Poderoso Supremo Consejo y Gran Oriente del Uruguay como Potencia Masónica, independiente y regular, hecho ocurrido el 17 de julio de 1856.

Las Logias fundadores fueron Asilo de la Virtud, Constante Amistad, Perseverancia, Decretos de la Providencia, Fe, Esperanza, Caridad (estás tres últimas creadas a partir de la Logia Misterio y Honor), Unión y Beneficencia, Sol Oriental, Cristóbal Colón de Paysandú, Restauración de Cerro Largo, Unión y Filantropía de Gualeguaychú y Unión del Plata de Buenos Aires, a partir de la cual y por impulso del H.·. Dr. José Roque Pérez, se constituyó en 1857, por reconocimiento de la Masonería uruguaya, el Supremo Consejo y Gran Oriente de la Argentina, actualmente Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones.

El reconocimiento institucional y las primeras escisiones

El desarrollo de la Orden durante sus primeros años de funcionamiento regular, se vio frecuentemente empañado por las rivalidades políticas de sus integrantes y las graves dificultades económicas de la República, lo que no fue obstáculo, sin embargo, para que pudiera desarrollarse y crecer en logias y HH.·. en todo el país.

En el marco de ese proceso de regularización institucional, el 8 de agosto de 1864, el Supremo Consejo y Gran Oriente del Uruguay, sancionó un Código como Ley Fundamental de la Orden Masónica en la República Oriental del Uruguay, que fue modificado en 1868.

Posteriormente, en 1881, el Soberano Gran Comendador, H.·. Carlos de Castro 33º, (1835-1911), abogado y político de extensa actuación, que se desempeñó como Soberano Gran Comendador y Gran Maestro entre 1879 y 1889, y durante cuyo mandato se obtuvo el reconocimiento de la personería jurídica de la Institución, el 11 de mayo de 1882, redactó y logró hacer aprobar una nueva Constitución y Código.

Ese texto, de 598 artículos, fue objetado por un grupo de HH.·. encabezados por el H.·. Justino Jiménez de Aréchaga, que abogaba una estructura más democrática para la Orden.

Interpretando la actitud de estos HH.·. como un desconocimiento a su autoridad, el Serenísimo Gran Oriente decidió suspenderlos en sus derechos masónicos en febrero de 1882, lo que derivó en la creación de un nuevo Gran Oriente, presidido primero por el H.·.  Jiménez de Aréchaga y luego por el H.·.  Rufino P. Ravia, de efímera duración.

No obstante, este episodio motivó que muchos HH.·. que permanecieron bajo la obediencia del Serenísimo Gran Oriente y Supremo Consejo del Uruguay, plantearan la necesidad de revisar dicha Constitución y Código, lo que se comenzó a hacer en 1886, y ante el fracaso de las gestiones tendientes a ello, resolvieron crear la “Liga Masónica Uruguaya” el 1º de noviembre de 1887.

En febrero de 1888, se funda un Supremo Consejo de Soberanos Grandes Inspectores del Grado 33º presidido por el H.·. Prudencio Ellauri y en mayo del mismo año se constituye el Serenísimo Gran Oriente Nacional de la Liga Masónica del Uruguay.

La pujanza del nuevo movimiento hizo que ya en abril de 1889 comenzaran las gestiones tendientes a la reunificación con la sanción de una ley de amnistía para todos los HH.·. integrantes de la Liga Masónica, que culminarían el 20 de diciembre de ese mismo año con la reincorporación al Serenísimo Gran Oriente y Supremo Consejo del Uruguay y la consiguiente regularización, de todos ellos.

Si bien se sancionó una nueva constitución en 1890, la misma fue declarada anti estatutaria poco después, por lo que recobró vigor la Constitución de 1881.

Por otra parte, fueron estos años de intensa actividad internacional, durante los cuales, además de obtener el reconocimiento de las más importantes potencias masónicas del mundo, el Supremo Consejo y Gran Oriente del Uruguay otorgó la carta patente de las Logias Aurora del Paraguay Nº 66 (1887) y Sol Naciente Nº 74 (1892), para finalmente dar origen al Gran Oriente del Paraguay en 1895.

La gravitación de la Masonería uruguaya en Paraguay, se originó a partir de la devolución de los trofeos de la guerra del Paraguay en 1885, dispuesta por el presidente Máximo Santos e instrumentada por una comisión integrada por el Gran Maestro Carlos de Castro, que propició se le concediera el grado 33º al H.·. Bernardino Caballero (1839-1912, presidente del Paraguay entre 1880-1886, fundador del Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado) y figura gravitante de la política de ese país hasta la revolución liberal de 1904), que había sido iniciado en una logia auspiciada por el Brasil y que a la postre jugó un papel de primerísimo orden en la fundación y desarrollo de la masonería paraguaya.

El Interregno

En 1898, y como consecuencia de las dificultades económicas derivadas de la crisis de 1890 y los avatares políticos de la década, el Serenísimo Gran Oriente y Supremo Consejo del Uruguay entró en sueño. Toda la actividad masónica quedó reducida a la desarrollada por la Logia Les Amis de la Patrie (que, fundada en 1827, abatiría columnas en 1937), que seguía estando bajo la obediencia del Gran Oriente de Francia, a la que se incorporaron muchos HH.·. de nuestra Obediencia.

Resurgimiento y apogeo del Gran Oriente

La elección de José Batlle y Ordóñez como Presidente de la República, permitió el marco adecuado para que un grupo de HH.·. procuraran el concurso del H.·. Carlos de Castro y lograran la reanudación de los trabajos el 27 de mayo de 1903, dando inicio a un período de esplendor de la Masonería del Uruguay.

Constituidas las nuevas autoridades, una de las primeras decisiones fue la de vender el edificio de las calles Soriano y Paraguay para saldar deudas y la de adquirir un nuevo local, hecho que se concretaría en 1910 con la adquisición de un inmueble en la calle Victoria Nº 87 (hoy Mario Cassinoni 1481), que fue inaugurado el sábado 26 de junio de 1915.

Durante este período, muchos de los integrantes de la Orden se destacaron en la administración pública, en la industria y el comercio y en las artes y las letras, en una activa interacción con el mundo profano que demostraba el compromiso de los Hermanos con los asuntos y los temas de la época.

También le cupo a la Orden una activa participación en los debates de la Asamblea Constituyente que elaboró la Constitución de la República de 1918, no sólo a través de los numerosos Hermanos que la integraron sino a través de notas que el Gran Oriente remitió a la misma fijando posición sobre diversos temas en debate, como por ejemplo el referente al tratamiento a dar a los bienes de la Iglesia.

La elección en 1921 del H.·. Julio Bastos (1863-1929), abogado y magistrado de reconocido prestigio y miembro de la Alta Corte de Justicia entre 1908 y 1929, como Soberano Gran Comendador (cargo que ya había ocupado entre 1906-1908), abrió un período de esplendor de la masonería nacional, marcado por el crecimiento y la vitalidad de la Orden.

Como demostración de ese dinamismo, baste señalar que en la década de 1920 se fundaron o se reinstalaron ocho logias en Montevideo y veintidós en el resto del país y que, en 1928, el Gran Oriente del Uruguay otorgó carta patente a las Logias “Linares” y “Tiahuanaco” de Oruro y La Paz, Bolivia, respectivamente.

Sin embargo, la muerte en 1929 del Dr. Julio Bastos, cuya personalidad había hasta entonces amalgamado las concepciones tradicionalistas y las más renovadoras, sumado al surgimiento de graves problemas económicos en Uruguay y el mundo, terminarían ambientando la crisis y una escisión.

La crisis de 1929 y el surgimiento de la Gran Logia de la Masonería del Uruguay

Entre el 29 de abril y el 4 de mayo de 1929, tuvo lugar en París la IV Conferencia Internacional de Supremos Consejos, que, entre otras resoluciones, recomendó que los poderes Simbólicos y Filosóficos fueran ejercidos por Potencias diferentes a efectos de lograr la universalidad del Simbolismo. El poder Simbólico tendría jurisdicción sobre los Hermanos de los tres primeros grados, mientras que el Filosófico lo tendría sobre los Hermanos que poseyeran del Grado 4 al 33, siempre que fueran “miembros regulares y asiduos de las Logias. Simbólicas”, siendo su principal cometido el de “conservar, propagar y defender el esoterismo en la Francmasonería.”

Esta indicación fue recogida por un importante número de Hermanos, que además planteó la necesidad de democratizar la vida de la Orden a través de la consagración de institutos propios de los sistemas republicanos democráticos de gobierno, lo que motivó que el 18 de julio de 1930 se realizara una asamblea de masones en la que además de celebrar el primer Centenario de la Francmasonería uruguaya y de la Jura de la Constitución de la República, se resolvió crear la Gran Logia Masónica del Uruguay, que pronto estableció su sede en la calle Paysandú 889.

Procurando acercar posiciones, en 1931, el Supremo Consejo del Grado 33° con sede en la calle Victoria (hoy Mario Cassinoni) 1481, resolvió delegar en el Serenísimo Gran Oriente del Uruguay, todo lo relacionado con el gobierno y administración de los grados del 1° al 3°, suscribiéndose al efecto el denominado Pacto de Familia y un Tratado de Paz y Alianza con el mismo.

Esta nueva situación institucional, que recogía –aunque parcialmente- el reclamo de los Hermanos disidentes, ambientó, ya en 1931, el inicio de tratativas tendientes a la reunificación de la Masonería nacional, que se concretaría en 1940 con el surgimiento de la actual “Masonería del Uruguay” (integrada por la Gran Logia de la Masonería del Uruguay y el Supremo Consejo del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para la República Oriental del Uruguay), que rápidamente encaró un proceso de ordenamiento institucional y financiero que pronto permitió el normal desenvolvimiento de los trabajos masónicos.

El primer Gran Maestro de la Gran Logia en esta nueva etapa, fue el H.·. Armando Roberto Lerma (1904-1983), iniciado en la Logia Caridad en 1929 y fundador de la Logia Renacimiento en 1932, que había permanecido en el Gran Oriente del Uruguay, acompañado como Vice Gran Maestro por el H.·. Francisco M. Pucci (1895-1955), que iniciado en la Logia Razón en 1919 había integrado la Gran Logia Masónica del Uruguay.

Mucho ha sucedido desde entonces.